El vestido se vendió finalmente por la exorbitante suma de dos millones. Al salir del salón de subastas, Irene se dirigió al baño mientras esperaba a que Estrella terminara con los trámites. Al salir, vio a Lola retocándose el maquillaje en el pasillo.
—Irene, ¡qué bueno verte! —exclamó Lola con una sonrisa dulce al notar su presencia—. Debes saber que Diego compró el vestido de Estrella y me lo regaló, ¿verdad?
—Felicidades. —Irene respondió con un tono distante.
—No es nada del otro mundo. Yo