—Entonces, no nos hagamos más sospechas. —dijo Irene—. Lo que pasó, déjalo en el pasado. No debes seguir dándole vueltas. ¿Puedes hacerlo?
—Sí. —asintió Diego.
—Desde el pasado hasta ahora, solo tú me has besado. —murmuró Irene.
Al oír esas palabras, Diego se sintió culpable. Con la voz entrecortada, respondió:
—Ire... no digas eso. Sé lo que debo hacer. No pensemos en lo de antes, solo avancemos, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Ambos se sintieron un poco desanimados y ya no tenían ganas de salir.
Die