—Señor Martínez, ¿cuándo te convertiste en el portavoz de Ire? —dijo Ezequiel con una sonrisa burlona—. ¿O acaso Ire tiene que pedirte permiso para hacer algo?
Diego sintió que no era sin razón que lo odiara. La forma en que hablaba tenía un aire de provocación que le resultaba insoportable. ¿Por qué era tan molesto?
—Por supuesto que no. —respondió Diego—. Ire tiene total libertad. Solo que, en este momento, tengo asuntos que atender con ella, así que no sería conveniente que me acompañaras, se