¡Diego ni siquiera la había tocado! ¡Eso lo frustraba aún más!
—No es eso... —Diego no sabía cómo explicarlo, así que optó por decir—. ¿Podrían ir a la habitación de huéspedes un momento?
Por el bienestar de su hijo, los dos no pusieron objeciones.
—No hay nadie abajo. —Diego subió rápidamente para avisar.
—Entonces me voy. —dijo Irene apresuradamente.
—¿A dónde vas? ¿No habíamos quedado en ir juntos a recoger a Vicente?
—Regreso a casa.
Irene no podía preocuparse por nada más, bajó las escalera