—¿Por qué no me trajiste? ¿No habíamos acordado que íbamos los cuatro juntos? —Bella se mostró descontenta.
—Pero es que ya está aquí el señor Quiñones. —respondió Irene—. Ve a hacerle compañía.
—¿Y quién lo invitó? —dijo Bella—. ¿Ya no tengo libertad?
—Cada vez que hago algo, tú tienes que estar pegada a mí. ¿Acaso no puedo tener un poco de espacio personal? ¡Por tu exceso de tiempo libre, podrías hacer algo de caridad! —Joaquín intentó explicar, pero Bella lo miró fijamente.
—No es como si fue