Su tono estaba lleno de malicia y sarcasmo, lo que resultaba muy incómodo de escuchar. Irene no quería entrar en discusiones con alguien así, ya que era una persona grosera y sin educación.
—¿Quién dice que no es mío? Tengo ascendencia extranjera, mi hijo tiene ojos azules, ¡eso es normal! En cambio tú, hablando de tu nieto, ¿quién asegura que realmente sea tuyo? —Irene apenas abría la boca cuando Diego habló.
—Si no educaste bien a tu hijo cuando era pequeño, ahora habrá quien se encargue de el