Diego sonreía, su mirada reflejaba ternura.
Al ver que Irene cerró la puerta, apartó la vista. Miró el cigarrillo que tenía en la mano, lo aplastó en su palma y lo arrojó al bote de basura.
Irene entró en la habitación y se sentó, recordando que solo había salido al baño, pero al encontrarse con Diego, había regresado. Bajó la mirada y se rio con ironía de sí misma. Qué tonta.
—¿De qué te ríes? —la voz de Eloy resonó a su lado—. ¿Ya comiste?
—Nada, sí comí. —Irene, por instinto, se alejó de él.