—¿Qué pasa, por qué está llorando? ¿Qué vamos a hacer? ¿Le explicaste? —Diego se sorprendió.
—¿Cómo le explico? —Vicente se tomó la cabeza con las manos, sintiéndose agobiado—. Dijiste que estabas tras alguien, y si no avanzas, está bien, pero ahora siempre estás estorbando.
—No lo hice a propósito.
Diego parecía un niño grande e inocente. Se mordió el labio.
—Es la primera vez que persigo a alguien, no sé qué hacer.
—Ya no me importa. No había nada, y ahora parece que fui yo quien hizo llorar a