—¿Qué sucede? —Santiago se preocupó de inmediato.
—Me duele el estómago. —Diego entró con paso firme—. Abuelo, Ire, sigan comiendo, yo descansaré un momento.
Ver a Irene en casa fue una grata sorpresa para Diego, pero no se atrevía a decir mucho, temiendo que ella se molestara y se fuera.
Sin embargo, al notar que él no se encontraba bien, ambos perdieron el ánimo para seguir comiendo.
—¿Te has tomado algo para el dolor? ¿Qué te pasó? ¿Volviste a beber? —dijo Santiago.
—No. —Diego miró a Irene y