—¿Por qué debería provocarlo? —dijo Diego—. Es él quien quiere lo que no puede tener, se ha fijado en Ire.
—A mí me parece que no es sorprendente que alguien se interese por Irene, después de todo, es tan excepcional. —Vicente lo reprendió—. Siempre quise preguntarte, ¿estás ciego para no ver lo buena que es Ire?
—No digas eso. —Diego mostró una expresión de dolor.
—Si te das cuenta de tu error, debes arrepentirte sinceramente; no sigas aferrándote a tu orgullo. ¿Qué es más importante, recuperar