Esos dos no tenían ninguna posibilidad de pelear contra Diego. Antes de que pudieran acercarse, él ya había derribado a uno de una patada. Al ver la diferencia de fuerza, los dos se quedaron quietos, tapándose las áreas golpeadas mientras yacían en el suelo quejándose.
—Diego, ¡qué impresionante eres! ¿Vienes a la tienda de otros a lastimar a la gente? ¿De verdad has venido a arruinar la fiesta? —dijo Bella.
—Ire, solo pregunto, ¿en qué soy inferior a ellos? —Diego miró a Irene.
—Ellos hacen est