—¿Sabe usted qué me acaba de decir?
—¿Qué dijo? —Frunció el ceño Santiago.
—Dijo que soy un hombre despreciable por haberle sido infiel a su madre y que no tengo derecho a opinar sobre sus sentimientos. —Javier mantuvo el rostro serio, sin mostrar emoción—. Papá, el "buen nieto" que usted enseñó.
—¿Acaso el niño se equivocó? —Santiago se enojó.
—Entonces, ¿por qué me llamó de vuelta? Además, ya le dije que eso no fue mi culpa. —Javier también se sentía agraviado.
—¡Javier! ¿Te consideras un homb