En la empresa, a pesar de estar agotado, aún podía dormir tres o cuatro horas. Pero ahora, con la mente completamente en blanco y el cuerpo exhausto, no podía dormir de ninguna manera.
Antes, Diego se obligaba a pensar solo en asuntos de trabajo. Después de todo, estaba en la oficina y el ambiente lo ayudaba. Pero ahora, en la casa familiar, en la habitación que compartían, en la cama donde solían dormir juntos, Diego inevitablemente pensaba en Irene. O mejor dicho, el anhelo que había reprimido