Pero él la deseaba tanto que incluso soñaba con someterla y dominarla. No podía controlar sus impulsos fisiológicos, y la expresión de Irene lo ponía aún más nervioso. Estaba ansioso por hacer algo que probara su existencia, que demostrara que él era la persona más cercana a ella.
Secó sus lágrimas con un beso, tomó su mano y entrelazó sus dedos con los suyos. La consolaba con el tono más suave y las palabras más dulces, mientras que, al mismo tiempo, con toda su fuerza, la embestía.
Irene era s