—¿Qué lo hace amar? —Irene no pudo evitar preguntarle.
—¿No acabas de decirlo? —Mariana mencionó a Pablo, y su mirada se suavizó un poco—. También es verdad que no conoces las virtudes de Pablo.
Claro, el amor ciega. Ciega de vista, ciega de corazón. No se despierta a una persona que finge dormir, ni se recupera a una que está ciega. Irene ya había renunciado a discutir con ella y solo preguntó:
—¿Entonces... quieres golpearme para vengarlo?
—¿Vengar? —Mariana hizo un sonido despectivo—. Temo qu