Mariana había mantenido una distancia prudente de Irene. Aunque había dos hombres grandes a su lado y su seguridad no estaba en peligro, siempre había sido cautelosa.
Sin embargo, no esperaba que Irene encontrara la oportunidad de colocar la cuchilla contra su cuello, dejándola inmóvil al instante.
—Soy doctora; sé exactamente dónde y cómo cortar una arteria. En ese caso, no habría tiempo para llevarte al hospital. —Susurró Irene cerca de su oído, y Mariana se sintió asustada y sorprendida.
—¡Tú