—¡Diego! —Irene luchaba con todas sus fuerzas—. ¡Ya estamos divorciados, no me toques!
—Irene, ¿de verdad crees que un simple certificado de divorcio puede limitarme? —Diego la sujetaba con una sola mano—. ¿Crees que alguien se atreverá a interferir si yo quiero hacer algo contigo?
—Diego, ¿qué diferencia hay entre tu comportamiento y el de una bestia?
—En el matrimonio me llamabas bestia, y ahora que estamos divorciados, sigues llamándome así. Entonces, ¿no sería una pena no cumplir con esas ex