Esa noche, Irene durmió en la habitación de invitados. Diego la dejó ir y, frente a ella, pateó los regalos sin abrir, lanzándolos lejos.
Irene tenía el corazón frío y roto, y no pudo dormir en toda la noche.
A la mañana siguiente, Diego ya había dejado la casa familiar.
Irene y Santiago desayunaron, y en silencio le contó a Santiago sus pensamientos.
—Abuelo, lo siento, he decepcionado tus expectativas; no puedo continuar con este matrimonio. Diego... él no está mal; si quiere enojarse, que se