Daniel no dudó ni por un momento; dijo que no le temía.
Ambos acordaron algunas cosas antes de que Irene se tomara un baño.
Cuando salió, descubrió que Diego estaba en el dormitorio.
Había estado abajo, donde Santiago lo había regañado.
Lo envió a cenar con ella para reconfortarla, pero volvió sin cenar.
Era una estupidez total.
Diego ya estaba harto y lleno de rabia; Santiago lo regañaba y él no se atrevía a contradecirlo. Subió furioso, vio esa pila de regalos sin abrir y su ira fue aún mayor.