Lola, con una bufanda tejida a mano, consiguió que Diego le diera una tarjeta negra. Según las palabras de Diego, podía comprar lo que quisiera, sin preocuparse por el precio.
—¡Lola realmente se está comportando como una nueva rica! ¡Vino a mi tienda y compró más de diez conjuntos de ropa! ¡Y pagó con la tarjeta de Diego! —Estrella le dijo a Irene por teléfono.
—¿De verdad? —Irene respondió con indiferencia.
—¡¿Y tú no te preocupas en absoluto?! —Estrella se irritó—. ¡No creo que pase mucho tie