—¿Un montón de trabajo? ¿Cómo voy a acompañarte? Si no tienes nada que hacer, mejor vete, que estoy ocupado. —dijo Diego.
—¿Cómo va la intensidad del entrenamiento? Yo también puedo ir. —preguntó Pablo.
—Normal. —respondió Diego—. Pan comido.
—Para ti es pan comido, pero para los demás no. Por cierto, ¿cómo está Irene? Siempre ha sido un poco mimada, ¿ha llorado esta vez? —dijo Pablo.
Diego se quedó en blanco, recordando a una niña pequeña, con un aspecto adorable. Ella lloraba, su abrigo blanco