POV Augusto.
La doctora terminó de revisarme con movimientos firmes y profesionales. Hablaba con tranquilidad, como si todo lo que había pasado en las últimas horas no fuera más que un procedimiento rutinario. Decía que iba mejorando, que mi estado era estable, que debía descansar.
Asentí sin realmente escucharla.
Mis pensamientos estaban en otra parte.
En Nina. En su mirada cuando se alejó.
No entendía por qué dolía tanto si, en teoría, era lo que debía ser correcto. Yo siempre había creído que