POV Lanya
Atalya salió llorando y Damiano, claro, fue, tras ella.
Salí tras ellos sin apresurarme. No tenía prisa.
No cuando sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Los encontré en el pasillo, uno frente al otro, como si el mundo entero girara alrededor de su pequeño drama barato. Me detuve a unos pasos de distancia, observándolos.
Luego sonreí. No porque me hiciera feliz.
Sino porque ya no pensaba mostrar debilidad.
—Hermanita… —dije con suavidad, casi con dulzura fingida—, no me culpes. Yo