POV Lanya.
La puerta se abrió y vi a Augusto entrar nuevamente a la habitación.
Por un instante cerré los ojos. Estaba agotada.
No físicamente. Bueno, también físicamente.
Pero sobre todo emocionalmente.
Sentía que llevaba semanas sosteniendo el peso de demasiadas decisiones, demasiados errores, demasiadas heridas que aún no terminaban de cerrar.
Cuando lo vi acercarse, sentí pena. Pena por él.
Y también por Nina.
Porque ya no hacía falta ser un genio para comprender lo que estaba ocurriendo.
N