POV Lanya
Hablé con el doctor durante lo que parecieron horas; hablamos largo y claro.
Mi madre necesitaba una ayuda que yo, por más que la amara, no podía proporcionarle con mis propias manos.
Cuando cruzamos las puertas acristaladas de la clínica, el aire frío de la tarde me golpeó el rostro, despertándome de un letargo de tristeza.
Salimos de ahí y me quedé estática en la acera.
La mente se me había quedado en blanco; no sabía a dónde ir, ni qué hacer con el vacío que me devoraba el pecho.
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