Capítulo 041. Rifles de caza.
—¡Hermanito, no me puedes dejar sola ahora! —sollozó Inés al otro lado del teléfono—. Papá me quiere casar y no sé con qué loco o monstruo.
—Tranquila, Neni. Viajaré en un par de semanas. Déjame acomodar unos negocios que cierro este mes —respondió el hombre con voz calmada—. Te lo aseguro, papá no podrá interferir en tu vida.
—¡Gracias, eres el mejor! —gritó Inés, eufórica.
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Una semana después, bajo el intenso sol de verano, Anton regresaba de su viaje.
—Señor, ¿adónde desea que lo ll