Durante el trayecto hacia casa, los pensamientos de Maximilian chocaban entre sí como olas en una tormenta. Cada vez se sentía menos direccionado y más atrapado en un torbellino de dilemas. Por un lado, deseaba vengarse de Amelia, ponerla en su lugar y darle una lección por haberle mentido. Pero había otra parte de él que le susurraba que no tenía ese derecho, que él también había sido injusto con ella en el pasado.
Golpeó el volante con ambas manos, frustrado, y frenó cuando la luz del semáfor