Maximilian permaneció un rato más en el evento, aunque ya no quería estar allí. Tras años sin ver a Amelia, sentía una extraña mezcla de emociones que no sabía cómo manejar. Joseph se acercó y le dio unas palmaditas en la espalda, provocando que Maximilian lo mirara con fastidio.
—¿Qué es lo que quieres ahora? —preguntó, con la voz cargada de desánimo.
—Oye, deja de estar malhumorado. ¿Por qué no vamos a beber algo? Si es que todavía te apetece —sugirió Joseph con una sonrisa.
—¿A un bar? —resp