Ana llegó a la clínica con el corazón en la garganta, un torrente de emociones la embargaba al ver a Maximilian acostado en esa cama. Su corazón latía con fiereza, cada pulsación resonando con el dolor de una madre que se enfrenta a la fragilidad de su hijo. La llamada que había recibido sobre su accidente había sido devastadora, y su mente había imaginado lo peor. La angustia se apoderó de ella al enterarse de que Maximilian había quedado en coma, sin saber cuándo podría despertar. Sin embargo