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Unas horas más tarde, Amelia se encontraba en el asiento del copiloto de Maximilian, con los tres trillizos en la parte trasera, parloteando emocionados sobre la película que iban a ver.

El ambiente era de pura alegría infantil, y Amelia no pudo evitar sonreír al ver la felicidad en sus rostros.

Maximilian, a su lado, también parecía disfrutar del bullicio.

—¿Están listos para ver una buena película? —preguntó Maximilian, mirando a los niños por el retrovisor mientras llegaban al centro
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