Amelia sentía su respiración entrecortada, como si un peso invisible aplastara su pecho, mientras los latidos de su corazón retumbaban con una ferocidad ensordecedora. La sensación de desmayo acechaba, pero se mantuvo erguida frente a él, aferrándose a la poca determinación que le quedaba.
Aunque los ojos de Maximilian destilaban odio, había una parte de ella que sabía que no se atrevería a apretar el gatillo. Era evidente que no lo haría.
Finalmente, con un suspiro pesado que parecía cargar t