Todavía sorprendido por la cruda verdad que Maximilian le había revelado, Joseph miró seriamente a su amigo. La oficina se había vuelto un espacio denso, cargado de verdades dolorosas.
—A todo esto —preguntó Joseph, su voz un eco de la seriedad que sentía—, quiero saber si estás molesto con Amelia o si todo anda bien con ustedes. Es importante, amigo.
Maximilian suspiró, el sonido escapándose como el aire de un neumático desinflado. La sinceridad era la única respuesta