Joseph asintió con un leve movimiento de cabeza y se disponía a alejarse hacia la entrada cuando dos figuras se materializaron junto a la barra. Una rubia alta con un vestido ajustado que brillaba bajo las luces tenues, y una morena de ojos grandes y sonrisa sugerente. Ambas irradiaban un tipo de energía que prometía una noche de olvido rápido.
La rubia se inclinó un poco, su voz melosa y llena de insinuación.
—Vaya, vaya. ¿Tenemos un caballero en apuros por aquí? Mi amiga y yo podríamos hacer