Daniel intentó explicarse, sintiéndose abochornado mientras las palabras se le atoraban en la garganta. Miraba a Natalia, tratando de leer en su rostro algo más que esa expresión impasible que lo hacía sentir aún peor.
—No es lo que tú crees, Natalia —dijo finalmente, con su voz rota por el nerviosismo.
Natalia levantó una mano para detenerlo, con un tono firme y una mirada que lo desarmó por completo.
—No necesito una explicación, Daniel.
Él abrió los ojos con sorpresa. Su corazón se a