Simón salió de la empresa de Sara con el corazón pesado, y la frustración ardiendo en su pecho. El trato distante y hasta hostil que ella le había dado era un reflejo doloroso de lo mucho que habían cambiado las cosas entre ellos.
Recordaba a Natalia de hace años, aquella mujer que, con una sonrisa tímida, lo seguía a todas partes, como si él fuera el centro de su universo. En aquellos días, cada vez que ella aparecía buscándolo, él se sentía irritado e incómodo.
—¿Por qué no entiendes, Natal