Simón esperó durante más de una hora antes de que el asistente de Natalia apareciera y finalmente le confirmara una cita para unos días después. Esta vez, llegó a la empresa con anticipación, decidido a que nada interfiriera en esa reunión.
Sabía que Natalia estaba en el edificio, y aunque había hecho un esfuerzo por mantener la calma, cada minuto que pasaba sin verla aumentaba su frustración. Al llegar la hora concertada, le informaron que ella no podía atenderlo.
Simón respiró hondo, pero no