Delia se sentó frente a la gran ventana de la oficina, mirando las copas de los árboles que se mecían suavemente con el viento. Había esperado que la vista calmara los nervios que la tenían con el estómago revuelto, pero no lo conseguía.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó el doctor Carrasco con una voz tranquila, que parecía no tener prisa por recibir respuestas.
Delia apretó las manos sobre su regazo, su mirada fija en el paisaje.
—No lo sé —respondió al fin, con un hilo de voz.
El psicó