Cuando Natalia, Delia y Daniel salieron de la habitación, un aire de alivio y cansancio los rodeaba. Natalia llevaba consigo la alegría del alta, pero también una impaciencia evidente por alejarse del hombre a unas pocas puertas de la suya.
Daniel caminaba a su lado, sonriente de solo pensar en ver a su amada Astrid, mientras Delia permanecía alerta, con el ceño ligeramente fruncido, sintiendo que iba a volverse una paranoica de un momento a otro.
Al doblar el pasillo, vieron a Mateo, apoyado