El pasillo del hospital era lo suficientemente transitado como para que Natalia se sintiera incómoda por la actitud cariñosa en la que estaba involucrada.
Los murmullos a su alrededor y las miradas ocasionales de otros pacientes y visitantes parecían clavarse en ella. Bajó la cabeza, intentando disimular su incomodidad, y le susurró a Keiden con tono avergonzado:
—Estamos en un lugar público… con gente alrededor.
Keiden, lejos de parecer afectado, sonrió con confianza y acarició su mejilla