Las pisadas de Keiden resonaban con fuerza en las escaleras de emergencia mientras intentaba no perder de vista a Natalia, quien corría con una determinación que lo aterraba.
El hombre al que perseguía iba varios escalones adelante, moviéndose con una rapidez casi inhumana. Keiden sintió un nudo en el estómago al ver que Natalia no se detenía, pese al evidente peligro.
—¡Natalia, por favor, detente! —gritó con todas sus fuerzas, su voz resonando en el estrecho espacio.
Ella ni siquiera vol