Simón salió de la clínica con la mente nublada y el corazón en un torbellino. Vio cómo el auto de Natalia desaparecía entre las luces de la calle, alejándose rápidamente bajo la lluvia que seguía cayendo con insistencia.
Suspiró, con un sonido cargado de frustración y cansancio mientras sacaba las llaves de su bolsillo. Estaba a punto de subirse a su vehículo cuando escuchó el murmullo de unas personas en la acera.
—Casi la atropellan, ¿viste? —dijo un hombre, gesticulando hacia la clínica.