Natalia cerró los ojos un momento, tratando de calmarse un poco, antes de mirarlo directamente con la mirada afilada.
—Simón, esto es inaceptable. —Su voz era firme y cortante, aunque la vergüenza seguía presente en su rostro—. No vuelvas a irrumpir así en mi oficina o haré que te echen los de seguridad.
Simón rió, aunque su risa era amarga y sin humor.
—Claro, no quería molestar y mucho menos para… esto —hizo una mueca, desviando la mirada a propósito. Su postura era tensa y su expresión e