Simón se apresuró hacia Isabella, con un instinto protector que lo dominaba.
—¡¿Qué ocurrió?! —le preguntó, su voz temblaba con preocupación mientras sus manos buscaban heridas.
—Ella me golpeó —acusó Isabella, su voz temblaba de emoción y dolor—. ¡Natalia me golpeó en el vientre! Mi bebé…
“Esto funcionará”, pensó, mientras una risa silenciosa se formaba en su mente.
Atónita, Natalia negó con la cabeza, luchando por encontrar palabras en medio del caos.
—¡No es cierto! —exclamó, sacudiendo la