Cuando el hombre salió del baño, la atmósfera en el vestíbulo se tensó de inmediato. Graciela y Roberto, parados a unos metros, lo miraron con detenimiento, intercambiando miradas de incertidumbre.
El sujeto, de aspecto casi desaliñado pero con un aire de confianza desafiante, notó la atención y respondió con una sonrisa ladeada que parecía más una mueca.
—¿Nos conocemos? —preguntó Graciela, con voz cargada de desconfianza.
—¿Acaso lo hemos visto antes? —añadió Roberto, con el ceño fruncid