Simón salió del juzgado con pasos rápidos, intentando dejar atrás la tensión que parecía seguirlo como una sombra.
Su mente estaba en completo caos, dividida entre la furia y la impotencia. Apenas había cruzado el umbral cuando el sonido de su nombre lo detuvo.
—Simón, espera.
Su cuerpo se tensó. Sabía de quién era esa voz, pero no estaba preparado para enfrentarla.
Tragó saliva, cerrando los ojos por un momento antes de girarse lentamente. Isabella estaba allí, a unos metros de distancia