Natalia caminó junto a Keiden. El ambiente entre ellos era espeso, cargado de un silencio incómodo que la hacía sentir un leve nudo en la garganta.
Keiden mantenía su mirada fija al frente, sus pasos eran firmes, pero su actitud más fría que de costumbre. Natalia lo notó de inmediato y supo, con una punzada de molestia, que todo era culpa de Simón.
Su cinismo y los comentarios llenos de insinuaciones habían plantado una duda que ahora amenazaba con arruinar cualquier posibilidad de construir