Aitor apretó los dientes, sentía la imperiosa necesidad de decirle que ahora tenía un padre, pero no se atrevió.
Y justo cuando empezaban a abandonar la prisión, llevaban a Fresia a su celda, la mujer miró a Aby y arrugó la nariz.
—Pensé que nunca te volvería a ver —musitó la mujer con esa voz llena de desprecio que siempre se dirigía a Aby.
Aby la observó con profundo resentimiento, se limpió las lágrimas.
—Se te hizo realidad el deseo, no me volverás a ver, porque pasarás tus días en pris