Aby tomó del brazo a Aitor, lo miró con ternura, para tranquilizarlo.
—Dejemos que mi papá se encargue de Robert —habló con dulzura.
—Tienes razón —expuso Aitor, le acarició la mejilla—, creo que es momento de volver a nuestra casa.
Alexander observó a su hija, sintió un estremecimiento, quería tenerla cerca a ella, a su nieto.
—¿Por qué el apuro de irse? —investigó, observó a su hija con melancolía.
—Agradecemos tu hospitalidad Alexander, pero el casado casa quiere, y claro Aby y yo aún no