—Por favor, total discreción —pidió Sofía a su amiga y colega.
—Tranquila, Sofía. Nadie lo sabrá.
—Gracias —se acomodó en la cama de la habitación de hospital con su bebé en brazos—. Ahora sí, hazlo pasar.
—De acuerdo.
La doctora caminó hacia la puerta y llamó a William, quien entró con una gran sonrisa y un ramo de flores en las manos.
—¡Cariño! —gimió, acercándose con las flores para abrazarla.
—Por favor, William, aparta eso que puede darle alergia al bebé —pidió con un gesto de mano.
—Oh