El hombre aulló de dolor, pero rápidamente se puso en pie con las extremidades temblando, tomó la moto que seguía encendida y huyó como un cobarde.
Nicolás se debatió entre la idea de seguirlo o acercarse a la mujer que parecía inmersa en un ataque de pánico. Se dejó llevar por lo segundo y bajo del auto.
—Nicolás… —murmuró ella, sorprendida, mirándolo con los ojos muy abiertos y con una mano en el pecho, como si le costara demasiado procesar la conmoción. Y no era para menos.
—¿Estás bien? —in